Las noticias que llegan de Japón son estremecedoras. La tierra y el mar han desencadenado sobre aquella nación toda su furia, dejando a su paso un rastro de desolación y muerte que ha consternado al mundo entero. Como si eso no fuera suficiente, está ahora, en medio de las múltiples réplcas del seismo, el problema (en buena parte descontrolado, segun todo parece indicar) del peligro atómco en distintas centrales nucleares niponas.
A estas alturas, en Europa se ha abierto el debate nuclear, y todo el mundo habla sin parar del tema aduciendo razones en contra y a favor, dejando en segundo plano no ya el problema de la catástrofe humana que esto representa, sino incluso el debate verdaeramente importane que subyace a la cuestión. A ese respecto, no me considero defensor a ultranza de la explotación de la energía nuclear, y mucho menos un detractor fundamentalista. Pero no es ese el tema.
El tema, en este caso concreto, es que la situación geografica del Japón (en pleno Cinturón de Fuego y apoco más de 100 Km de la fosa de Japón, accidente tectónico en el que se localizó el epicentro del terremoto) supone para la isla un peligro evidente de que ocurran desastres como el vivdo, de dimensiones y consecuancas demasiado difíciles de calbrar, aunque evidentemente la posibilidad de que tales consecuencias escapen al control humano es muy grande. Esta evidencia es la primera que habría que tener en cuenta a la hora de valorar los márgenes de seguridad con que se explota una central nuclear determnada. Y la sensación es que, en el caso de Japón, se han construido por todo el territorio insular este tipo de complejos con demasiada alegría (aproximadamente la mitad de centrales que ¡en toda Europa!). Dadas las características de la región, sólo los combustibles fósiles podrían representar una alternativa energética a la atómica. Y dado el nivel de consumo existente, la eficiencia económica y la ecológica serían inviables.
Y, ahora, si que hemos llegado al fulcro de la cuestión: el consumo. La única razón que se impone a la falta de seguridad en la explotación de la energía nuclear en una región como esa es la necesidad de sostener el consumo desmedido e irracional de una sociedad capitalista que corre desbocada hacia su propa autodestrucción, y que necesita ingentes cantidades de energía para mantener ese proceso, orgiásticamente rentable para una desconocida minoría de capitostes, por supuesto. El discurso de la sostenibilidad (¿Kyoto?, despanzurrense de la risa) se desmorona a la vista de todos sus sustentadores, que ya no pueden disimular que se trata de una argucia más para "fare affari". La posibilidad de que el modelo social y económico japonés no sea vieble (que no lo es) no forma parte del debate, porque para todos el japonés es el más excelso modelo de superación y realización de una sociedad moderna.
El capitalismo no sólo degrada a las personas, sino que también destruye el entorno natural en que viven. Lo ocurrido en Japón no es un mero ejemplo de que esto es así, sino más bien el paradigma de las últimas consecuencias. El capitalismo es la más grande, por masiva, negación de la ley de Dios que la historia del hombre nos ha permitido conocer.
Pero no se preocupen ustedes de nada. El Estado proveerá ... no sabe cuántos pelos tenemos cada uo en la cabeza, pero él se encargará de que nuestras vidas (las de los japoneses que sobrevivan al desastre y las de los españolitos que vivimos en este otro desastre) sigan siendo plácidas y llenas de sentido. Lo importante es que este fin de semana no nos quedemos colgados en cualquier aero puerto o autopista, y que sigamos muy atentos al desarrollo del proceso pre-electoral.
Por lo que más quieran ... ¡no desconecten sus televisores!.

3 comentarios:
Bravo.
No puede cuestionarse la obtención de una u otra manera de la energía sin cuestionar el consumo de la misma.
Pero si cuestionamos el consumo de energía, cuestionamos el modo de vida y por tanto el chiringuito completo. Y eso no lo podemos consentir.
El mercado japonés necesitaba esas inmensas cantidades de energía, el Estado autorizó esas centrales, la naturaleza se las ha cargado.
No es viable producir energía tan barata en ubicaciones tan peligrosas. Hay alternativas muy caras, pero no permiten mantener la competitividad y ahí está la madre del cordero... ¿competencia caiga quien caiga o competencia respetando al ser humano y la Creación?
Gracias a Dios, Francia no padece terremotos.
Por otra parte, si el símbolo de la decadencia del comunismo fue la catástrofe de Chernobyl, ¿no es este el símbolo de la decadencia del capitalismo? ¿o lo fue el Exxon? ¿O lo fue la plataforma de Shell?
Por cierto, los de libertaddigital están quedando como marranas. Es lo que tiene la tontería.
Desde luego equivocarse de dios y servir al que no es tiene sus consecuencias, en este caso la esclavitud del consumo, ese tirano que deforma el trato humano.Un abrazo.
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